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Te llevo bajo mi piel

Jazz Gitano Ensamble, hipnosis musical

Comenzaron a interpretar el gypsy jazz en una especie de homenaje perpetuo a Django Reinhardt, hasta que el virtuosismo del maestro se coló definitivamente por sus dedos.


Al nombrar la virtud del gypsy jazz no lo hacen sin intención, recalcan: es un virtuosismo tanto melódico como técnico. Quizá por eso uno cae en un estado hipnótico al escuchar los primeros punteos y el rasgueo picante de la guitarra rítmica, mientras la voz comienza a deslizarse dolorosamente por nuestro inconsciente.


Nos dejan presenciar un ensayo previo a su gira por europa central y, enseguida, descubrimos su truco, vivir en una sala de ensayo –tres de los cuatro integrantes del ensamble– donde respiran, almuerzan, cenan y comparten gypsy jazz con estudiantes que van y vienen buscando iluminarse, en un mundo que tiene toda la pinta de taller. Un tiempo y lugar para que la alquimia entre maestro y aprendiz se concrete.


Durante la charla, el jazz gitano se nos devela como un arte y un oficio a la vez. Sin embargo, entendemos que no siempre pudieron disfrutar de ambas caras al mismo tiempo, y que poco a poco fueron construyendo este espacio. Entonces, preguntas que se asoman.


¿Cómo se conocieron?, ¿por qué empezaron a tocar juntos?, ¿qué significa ser un “ensamble”?

Uno a uno se presentan, y la historia de la formación merece ser narrada. Viajamos a la escuela secundaria que compartieron Roque y Marco. Uno de ellos de familia científica, el otro de familia música. Un destino común los unió: ambos tocaban la guitarra y querían “ser alguien”.


Roque: A lo largo del tiempo, te metés en la música y vas queriendo tener control de lo que suena. Yo que vengo de una familia de científicos heredo una búsqueda práctica: si quiero que la guitarra llore, llora, si quiero que grite, grita. El concepto del artista me resulta un tanto complejo. En mi forma de ver las cosas, la música no es arte; arte es cagarse de frío. Para mí la música es ciencia.

Por otro lado, creo que el medio condiciona nuestra forma de escuchar y de definir qué es arte y qué no. Mi investigación en la música intenta ir más allá, y por eso me dediqué al jazz. El jazz te permite ser libre. Es un estilo que no tiene estructuras predeterminadas, que propone una secuencia que habilita la presencia del error.


Esa libertad que nos desafía y que, cuando irrumpe el “error”, nos apela para que demos una respuesta acorde. En el caso de la improvisación musical, se trata más bien de una reacción inmediata, sobre todo si uno se encuentra arriba del escenario, o bien en la vía pública. Justamente, en plena Plaza Francia es donde los conocemos como ensamble, ¿por qué tocar en la calle?, ¿qué significa esa apuesta?




Pablo: De hecho, así fue conocí a Roque. Tocando en San Telmo. Es cuando entro en escena. En realidad, yo estaba en otra. Escuchaba un poco de jazz, pero más que nada rock y blues. Pero cuando lo escuché me llamó la atención el virtuosismo del intérprete, la velocidad, cómo se lucía. Enseguida, le pedí tomar clases. Me empecé a enganchar, y a practicar sin parar; unos años más tarde dejé el trabajo de oficina, y acabé haciendo la guitarra rítmica del ensamble. Lo primero que hicimos juntos fue tocar en el subte.

Roque: Como todo músico del under queremos quitarle valor al mito de que el único músico que vive de lo que hace es el rockstar. En lo personal, el papá de Marco fue una gran inspiración, daba clases de música y vivía de eso… desde aquel momento decidí que quería ser lo suficientemente bueno en lo que hiciera para poder vivir de eso dignamente, dando clases. Hoy podemos decir que nos dedicamos a eso, prácticamente al 100%, es decir, es una forma de afirmar que hay músicos que vivimos de pequeños laburos, día a día, y que aunque no esté reconocido, existimos. Si bien no está en coherencia con el tipo de vida, porque el músico en el imaginario social es como el futbolista… ¿si no es un crack, de qué vive? Bueno, nosotros apostamos a dar clases y hacernos conocidos por el boca en boca.


“…hay músicos que vivimos de pequeños laburos, del día a día, y aunque no esté reconocido existimos…”




SOMA: ¿Qué piensan del concepto de improvisación?


Marco: Es un lenguaje y es todo un discurso. Se trata de estudiar y, al mismo tiempo, de experimentar con las habilidades personales. Justamente, lo que no hay en libros es el toque de cada uno. El arte puede hacer cualquier ser humano, no está en un tratado, y no existe una estructura previa a la que adecuarse. Por eso nosotros nos alejamos de la academia todo lo que pudimos, y nos dedicamos a inspirarnos en personalidades que siguieron el camino de la experimentación y del juego.


Se hace un silencio y aparece el cuarto integrante del ensamble en escena. Apenas se presenta, algo distintivo en su tono de voz nos transporta. Claro, de origen español, Arturo evoca aún más la esencia gitana sobre el escenario.


Arturo: Yo soy el último en integrarme a esta cooperativa que somos hoy. Cuando conocí al ensamble, venia de ser la voz en una banda de rock indie. El desafío no fue menor, tuve que redescubrir mis cuerdas vocales y ponerme a la altura del virtuosismo de mis compañeros. Ayuda mucho la convivencia, y que los momentos de práctica se multipliquen. Entendí como necesidad la práctica del canto. Decidí aprender del género imitando, sin que esto se transformara en una limitación. Se trata, la mayor parte del tiempo, de un ensayo y error del que, en el caso de la garganta como instrumento, uno tampoco puede abusar. Hay una realidad: no puedo recuperarme si me lastimo. Esa es la desventaja de no tener técnica.


Y, si de poner en práctica se trata, ya no hay modo de extender la conversación sobre la música mucho más allá. Hacer la música. Manos a la obra. Como espectadores privilegiados, nos acomodamos para sumergirnos en el ensayo del ensamble. En nuestras cabezas algunas cosas están más claras y otras tantas comienzan a derretirse y fundirse con la melodía de las cuerdas. Afuera, el frío otoñal y la luna asomada. Adentro, el ritmo hipnótico y la piel erizada.



Roque Emilio Monsalve: Guitarra Pablo Gabriel Vázquez: Guitarra Marco Vaamonde: Contrabajo

Arturo Zaldívar: Voz



Para conocer más:


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